Como
en casi cualquier ámbito de la sociedad, y de nuestra vida, existen diferencias
que dan lugar a desigualdades: étnicas, de orientación sexual, económicas,
religiosas, de género… Con el surgimiento de las tecnologías y su invasión en
nuestra cultura, se ha originado una nueva desigualdad: la brecha digital.
En
este artículo pretendemos aclarar qué es la brecha digital, y lo relacionaremos
con nuestra futura dedicación, la escuela, pero como Jack el Destripador, vamos
por partes.
¿Qué
es la brecha digital?
En
un inicio, con la llegada de los ordenadores y la informática a nuestras vidas,
la brecha digital constituía (y aún constituye) una desigualdad en el acceso a estas herramientas, su origen
fundamental es la desigualdad económica y de recursos que una persona (o
colectivo) puede tener para poder acceder a un ordenador, o a internet
(Fernández, 2012).
Con
la masificación de los ordenadores, los precios se hicieron más bajos y una
mayoría de la población tuvo acceso a ellos, reduciendo así la llamada brecha digital primaria. Evidentemente,
este no iba a ser el final del asunto. Las diferencias culturales, sociales y
económicas provocaron la brecha digital secundaria, que consiste en la desigualdad de uso de
dichas herramientas, en otras palabras, la diferencia entre los conocimientos,
hábitos o posibilidades que tienen las personas para usar el ordenador; no es
lo mismo quien usa el ordenador una vez al día que quien lo hace una vez al
mes, ambas personas tienen acceso, pero difieren en el uso (Fernández, 2012).
Y
aquí llega la escuela. Muchos/as autores/as pensaron que la tecnología
revolucionaría la educación, e incluso
algunos afirmaban que sustituiría a las
escuelas, pero todos/as sabemos que no ha sido así (Papert, 1980). La escuela
sigue presente en nuestras sociedades,
y tienen prácticamente las mismas estructuras, contenidos y
metodologías que hace algunas décadas, a pesar de que en España estamos en la
cabeza de la OCDE en cuanto a menor ratio ordenadores/discente, debido al
interés político que ha habido por disminuir la brecha digital –no obviemos
tampoco el interés económico que pueden tener las empresas tecnológicas para
introducirse en un mercado tan amplio como la escuela, pero eso nos daría para
otro artículo- (Fernández, 2012).
Lo
cierto es que en la escuela el alumnado apenas usa herramientas informáticas,
creando así una gran brecha digital
terciaria (Fernández, 2012) con respecto al uso que hace de ellas fuera de
la escuela (principalmente en sus hogares).
¿Por
qué una brecha digital terciaria?
Para
explicar las causas de la brecha digital que aquí queremos tratar, debemos
tener en cuenta que mientras los ordenadores llegaban a las casas de
nuestros/as alumnos/as, la escuela no se ha preocupado de hacer un análisis de
las repercusiones de esta irrupción tecnológica, ni de integrarla en sus
dinámicas (Buckingham, 2006).
Además,
el profesorado no ha evolucionado en este aspecto, aunque existen cientos de
propuestas y maestros/as comprometidos con la educación tecnológica, el
espíritu general ha sido de rechazo o de impasibilidad ante este nuevo panorama
(Buckingham,2006).
El
resultado ha sido que nuestro alumnado pasa mucho tiempo fuera de las aulas
utilizando el ordenador, la Tablet u otras herramientas, pero tienen pocas
competencias digitales: PISA evaluó en 2009 la competencia en lectura digital y
solo un 7.8% de los/as discentes obtiene la puntuación máxima, un nivel muy
bajo para la cantidad de horas que pasan muchos/as de ellos/as en contacto con
ordenadores en sus casas, y teniendo en cuenta de que en el currículo español
existe una competencia específica para este tema (Fernández, 2012).
¿Por
qué hacer una educación digital?
Como
acabamos de mencionar, en España una de nuestras competencias básicas es el
Tratamiento de la información y competencia digital, es decir, en nuestro país,
al completar la educación básica todos y todas deberíamos tener una serie de
herramientas y habilidades para manejarnos en el entorno digital(Fernández, 2012).
La
introducción de esta competencia no es casualidad, responde a la necesidad
creciente de manejar estas herramientas por el aumento de la presencia de las
mismas en nuestras vidas (Buckingham, 2006).
Actualmente
nadie se imagina ir a una entrevista de trabajo y no poder decir que tiene (al
menos) conocimientos básicos informáticos, aunque sea manejar un procesador de
texto, alguna hoja de cálculo o navegar por Internet. A muchas personas les
parecerá que esto suena ridículo, pero recordemos que la brecha digital
primaria y secundaria diferencia a las personas que saben hacer esto y las que
no (Fernández, 2012). La escuela debe resolver estos problemas por su
compromiso social, su universalidad y su objetivo de capacitar a las personas
para manejarse dignamente en nuestra sociedad, de ahí la necesidad de que la escuela,
sea la matriz que permita que todas las personas tengan esta competencia
digital (Buckingham, 2006).
Asimismo, la tecnología ha revolucionado
aspectos tan esenciales como la
comunicación, el acceso a la información, el ocio y el consumo. Eso supone que
uno de nuestros objetivos educativos sea garantizar que las personas, al llegar
a la edad adulta, deben tener un espíritu crítico con todos los contenidos que
podemos encontrar en la web, saber cómo descartar o confiar en las distintas
fuentes de información, e incluso identificar los objetivos ideológicos que
puedan tener algunas de ellas, a fin de crear un pensamiento crítico
(Buckingham, 2006).
Conclusiones
Por
todo lo anteriormente mencionado, y siendo conscientes de todo lo que la
escuela puede transmitir, no sólo en conocimientos, si no en valores y
actitudes, creemos que la educación digital debe estar presente en nuestras
aulas para enseñar a nuestros/as alumnos/as aspectos tan importantes como ser
creativos, porque aunque busquen información de la web deben ser capaces de
transformarla, personalizarla, y darle su propio punto de vista, como resultado
de un análisis crítico de lo que encontremos en las redes. Es un tema
especialmente importante porque muchos/as de los alumnos/as pueden pecar de creer y aceptar información
textualmente sin ese análisis y con, además, el riesgo de caer en el plagio.
Asimismo,
no obviamos el papel de los docentes, y para facilitar la disminución de la ya
nombrada brecha digital terciaria, sugerimos que se introduzcan las TIC de
forma gradual para adaptar a la comunidad educativa a ellas. Por último,
recalcar que es necesaria una actualización de las competencias docentes en el
ámbito digital, y por ello es vital que se proporcionen cursos de TIC aplicadas
al aula a todos/as los/as docentes que ya lo sean, y además, incorporar este
conocimiento en los planes de estudios que formarán a esos/as docentes.
Bibliografía
-Buckingham,
D. (2006), La educación para los medios en la era de la tecnología digital, Instituto
para la educación,Londres.
-Fernández
Enguita, M. (2012), La brecha digital terciaria, Universidad Complutense
de Madrid, Madrid.
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